“Si bien la pandemia del coronavirus ha afectado a la
economía, es primordial velar por la salud de los colombianos”. Así
rezaba el comunicado del Ministerio de Salud el 12 de abril de 2020, en momentos
en que los colombianos nos preparábamos para lo peor.
No en vano, durante más de un
mes, gran parte de los y los colombianos y colombianas de manera juiciosa,
acatamos las medidas de emergencia tomadas por el Gobiernos Nacional para
frenar el número de contagios del Covid 19, que a través de anuncios y campañas
nos hicieron ciudadanos obedientes y por paradójico que suene, en mi caso y
para ese entonces, confiar en las decisiones del presidente Iván Duque.
A la par, impactantes imágenes llegaban de
los miles de cadáveres que dejaba la pandemia en Europa y Estado Unidos, en
donde las medidas de confinamiento se tomaron demasiado tarde. Aún hoy en EEUU,
las decisiones de encierro son a discreción del ciudadano, lo que deja al virus
sin control; en Italia y España comienzan ya su desconfinamiento por fases, una
estrategia arriesgada a toda costa.
A pesar de las escenas dantescas de cuerpos
enterrados en fosas comunes, incluso tener de cerca la tragedia en Quito por los fallecidos y el
descontrol total del virus, y teniendo en cuenta que ésta queda a cuatro horas
de la frontera con el sur de Colombia, nos preparamos para asumir el riesgo de
llegar a picos altísimos de contagio, en razón a las medidas que buscan reactivar
la economía del país y que movilizarán a millones de personas durante la
próxima semana; solo en Bogotá saldrán a trabajar 2 millones 300 mil personas,
según la alcaldía Distrital.
Y es que, sin llegar aun a la curva prometida
de contagios en Colombia, de manera apresurada, las medidas de
prevención que comenzaron poniendo a la salud pública por encima de todo,
fueron trasladadas y llevadas rápidamente a un segundo plano ante la presión de
los gremios y del sector empresarial que piden rápidamente el desconfinamiento
y la reactivación económica del país.
Hoy, dos meses después, en los
medios de comunicación, la narrativa es otra la que ocupa la agenda nacional y
son los voceros de los empresarios los que se toman la palabra para hablar de
cómo pueden salvar al país auxiliando a las empresas y por su puesto a los
bancos.
Ya el guion de la película lo
manejan los “expertos” en economía que parecen estar más al servicio de las
corporaciones y gremios, que de los ciudadanos que buscan en el estado la
protección, no solo de salud, sino que reclaman ayudas para poder sobre vivir.
Como en una película de
suspenso, en la que sabemos que el peligro está en un sótano oscuro o debajo de
las escaleras, así vemos como se acerca la pandemia por el coronavirus sin que
podamos hacer mucho. No podemos protestar ni mucho menos salir a movilizarnos. Vamos
hacia allá, hacia la zona de peligro.
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